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El error de la MUD

“Tanto va el cántaro al agua, hasta que revienta”, dice el dicho popular. Tantos, y tan diversos, han sido los errores cometidos por la MUD que, al igual que el cántaro, se reventó. Como éste fue fabricada a base de arcilla, no de acero. Pero, a diferencia de ésta, no cumplió su cometido: no logró derrocar a Hugo Chávez, primero y, a Nicolás Maduro, después. La MUD perdió toda credibilidad en sus seguidores, luce desvencijada, la deslegitimación es el concepto que mejor la define. Tiene diecisiete años buscando alcanzar ese objetivo y no ha podido lograrlo. Nació con el gobierno. Éste construyendo, ella destruyendo. He allí el origen de la polarización del proceso político venezolano. Como se recordará, primero se llamó Coordinadora Democrática, ahora MUD.

Cuando uno revisa los anales de la historia del proceso sociopolítico venezolano, le resulta difícil, por no decir imposible, encontrarse con el oposicionismo más torpe, más ineficiente e ineficaz, que ésta que tiene diecisiete años dándole palo a diario a la revolución bolivariana. No tiene parangón. Nunca, ningún sector del oposicionismo venezolano, contó con mayor apoyo logístico y estratégico, nacional e internacional, que la Coordinadora y la MUD. Todo lo ha dilapidado, malgastado, malversado, por eso sus réditos están en rojo, como diría un Contador Público.

Cuando algunos creyeron que alcanzaría su objetivo, luego de hacerse del control de la Asamblea Nacional, su cisma se aceleró. Como en una tarde de invierno, la noche le llegó más temprano, el Búho de Minerva no emprendió su vuelo, los grises se le borraron, el negro siguió siendo su color preferido. Todo lo perdió. Da bandazos, como bola de billar; sube y baja, como un columpio; como “nobles y villanos, bailan y se dan la mano”.

Ebrios por el odio, no logran entender a los venezolanos. Quizás éste sea su mayor error. Como en la Venezuela colonial, miden a los venezolanos por las dotes que estos tengan. Siguen creyendo que somos un país de castas y no de clases sociales. Se creen mantuanos. Hacen del odio y el desprecio, su binomio de oro. Se creen seres superiores, superdotados, se burlan de nuestra heterogeneidad étnica. Por eso, su ebriedad es permanente, les impide actuar en correspondencia con lo que es la realidad nacional.

Es tal el descalabro de la MUD que, en los últimos días, algunos de sus dirigentes nacionales, han reconocido la enorme cantidad de errores cometidos. Por supuesto, ninguno asume el suyo, los errores al igual que las derrotas son huérfanos. Como es normal, en casos como éste, se culpa a la mala suerte, pero como esta no existe, entonces, se culpa al pueblo. Se le acusa de ser ignorante, atrasado, inculto, etc., cualquiera es el culpable excepto alguno de ellos. En su megalomanía, llegan al extremo de culpar de los mismos al gobierno.

El diálogo ha sido su puntillazo. Diecisiete años tienen oponiéndose al mismo. Un millón de obstáculos y condiciones han puesto para sentarse a conversar, hasta que la fuerza de la razón política los ha obligado a hacerlo. Actúan como muchacho malcriado que quiere que toda la piñata sea para él. El psicotismo se ha apoderado de sus dirigentes. Roberto Enriquez, dirigente de un destartalado Copei, llegó al extremo de pretender darle órdenes al mismísimo Santo Padre Francisco, de que retirará su enviado si las pretensiones de la MUD no se cumplían. Pedro Guevara ha dicho que el error ha sido “recular ante los planes trazados”, pero no habla de las razones que han impedido el cumplimiento de los mismos. María Corina y la Tintori, en su ansia hematofágica, piden sangre mucha sangre; vamos para la calle gritan con desespero, como un pitbull miran a quien no esté de acuerdo con ellas.

La MUD perdió su razón de ser. No logró su objetivo: no tumbó a Maduro, aunque en ese empeño van a seguir y, en el mismo, solo la acompañe los grandes medios de comunicación y los sectores más retrógrados y oscurantistas del espectro político nacional e internacional. No podía ser de otra manera. Si al odio y al desprecio que los guía, le sumamos la carencia de un proyecto de país y de una dirigencia eficaz y eficiente, a tono con la nueva Venezuela, el resultado no podía ser otro. Nuestra mano seguirá tendida. Del empeño de construir una Venezuela en paz, en donde reine la felicidad, la igualdad y la libertad de los venezolanos no nos separara nada ni nadie.

Hugo Cabezas @HugoCabezas78