¿Y si Facebook cayese, pero de verdad?

Redacción Los Valles del Tuy - 6 October, 2021 - 6:57 PM

Mi columna en Invertia de esta semana habla sobre la caída de todas las propiedades de Facebook el pasado lunes tras un problema técnico que subraya los problemas que puede generar tener, tecnológicamente hablando, todos los huevos en la misma cesta – durante la caída, los empleados de la compañía tuvieron que utilizar mensajes SMS para coordinarse, porque todas sus herramientas, su mensajería, su correo electrónico, etc. y hasta sus identificaciones físicas de acceso habían dejado de funcionar – y especula con la posibilidad de otra caída de Facebook, mucho más dura: la que ocurrirá cuando las compañías que utilizan sus herramientas para hacer publicidad se den cuenta de lo que realmente están financiando, la abandonen, y hagan caer a la compañía.

Mi artículo se titula «Facebook: la caída más dura está por venir» (pdf), y aprovecha que el incidente provocó también la caída del valor de las acciones de la compañía para hablar sobre la debilidad de Facebook: que la trayectoria bursátil de la compañía sea generalmente ascendente desde sus inicios no quita que estemos hablando de un modelo tremendamente frágil, como revelan las últimas filtraciones generadas por Frances Haugen, una ex-empleada que, harta de ver auténticas barbaridades en la forma de priorizar las cosas, decidió hacerse con un buen montón de documentación interna, decir adiós a la compañía, y ofrecérsela a The Wall Street Journal para que montase un impresionante reportaje, «The Facebook files» de esos que merecen ser estudiados durante años en las escuelas de periodismo.

En la serie de artículos, el periódico desgrana todas las evidencias que demuestran, de forma palmaria, innegable y soportada por la propia documentación interna de la empresa, que Facebook se ha convertido en un auténtico peligro para la sociedad. Un gigantesco repositorio de contenido mayoritariamente no original cuya función no es «conectar al mundo» ni ninguna otra frase absurdamente grandilocuente por el estilo, sino únicamente poner a sus usuarios al alcance de la publicidad de cualquier compañía que quiera alcanzarlos, en función del criterio que estime oportuno. Una plataforma en la que todas, absolutamente todas las prioridades están radicalmente equivocadas: mientras el tráfico crezca y el dinero siga fluyendo, lo que pase a los usuarios es total y absolutamente secundario, ya sea que sufran depresiones o inseguridades, que se radicalicen, que se maten, que se dediquen a esparcir los bulos y conspiraciones más alucinantes, o que se animen los unos a los otros para tomar el Capitolio.

Facebook no solo es un peligro: su cultura absolutamente irresponsable es una auténtica traición a la democracia y a la sociedad. Si existiese un carnet por puntos para el management, toda la cúpula directiva de la compañía debería llevar bastantes años inhabilitada. Que Mark Zuckerberg, por enésima vez, salga a negar las filtraciones – como si no estuviesen basadas en sus propios documentos internos – y a decir que todo lo que dice Frances Haugen no tiene sentido deja si cabe más claro su nivel de desesperación. Todo, absolutamente todo lo malo que se ha ido diciendo de Facebook a lo largo de los años es rigurosamente cierto, y ahora lo podemos comprobar en la cuidadosa recopilación de documentos internos llevada a cabo por su ex-empleada.

Las cosas son como son: a la compañía le trae absolutamente sin cuidado que Instagram, que antes de ser propiedad de Facebook era tan solo una deliciosa app de fotografía, provoque auténticos daños psicológicos a las usuarias jóvenes, que sus reglas sean un desastre arbitrario que solo aplica a algunos, que sus usuarios se peleen o se enfrenten si esto sirve para incrementar el tráfico, que en su plataforma operen desde mafias de tráfico de personas hasta fraudes de todo tipo que perjudican la confianza en el comercio electrónico, que en su red proliferen mentiras que alientan el negacionismo de las vacunas, o que, sabiendo todo lo que saben, planeen formas de llegar a un público todavía más joven.

No, ninguna de las cosas que se contaban y que en su momento nos escandalizaron era mentira, y The Wall Street Journal, gracias a las filtraciones de Frances Haugen, lo demuestra de forma rigurosa y periodísticamente intachable. Facebook es un auténtico desastre, el epítome de hasta qué punto una cultura mal diseñada y basada en su momento en las erróneas prioridades y en el demencial sistema de valores de un niñato socialmente disfuncional puede llegar a resultar dañina para la sociedad.

¿Cuánto queda para que las compañías que se anuncian utilizando herramientas de Facebook se den cuenta del enorme daño que provocan a la sociedad alimentando a semejante monstruo? ¿O para que los usuarios empecemos a afearles el hecho de que estén presentes ahí? ¿Hasta qué punto pueden las empresas llegar a torturar la ética como para cerrar completamente los ojos y seguir haciendo una campaña tras otra en Facebook o en Instagram? ¿Qué ocurriría si Facebook cayese, pero no simplemente una tarde, sino de verdad?