El espionaje imposible

Naky Soto Jul 13, 2021. 11:00 pm

El pasado miércoles 7 de julio las bandas de delincuentes que controlan la Cota 905 al suroeste de Caracas cambiaron su patrón de agresión regular y decidieron bajar de sus predios para atacar varias parroquias en simultáneo y con ello, colapsaron por dos días la capital de Venezuela. El viernes 9 de julio, mucho después en tiempo-balas, el poder fingió otra vez un operativo de búsqueda de los delincuentes que desde 2015 controlan esta ‘zona de paz’, pero fue el sábado cuando admitieron que los criminales tuvieron tiempo de huir, algo que intuimos por la significativa cantidad de fotos y videos enviados desde la zona, un dato poco congruente con una operación riesgosa.

A una semana de esos eventos no existe un parte oficial de detenidos, heridos y muertos, diferenciados de ningún modo. El poder se limitó a publicar unos anuncios de búsqueda de algunos delincuentes, con recompensas en dólares que superan por mucho los presupuestos anuales de varias universidades y hospitales públicos, pero jamás nombró a esos delincuentes. En sus declaraciones el poder nombró a Colombia, Estados Unidos, Cuba y Haití, y todo eso lo vinculó con el partido opositor Voluntad Popular.

Así llegamos al lunes 12 de julio cuando detuvieron arbitrariamente y desaparecieron al dirigente Freddy Guevara, quien horas después sería acusado de terrorismo, y esperaron al martes 13 para presentar las supuestas pruebas que sustentan la acusación en su contra. Sin embargo, no lo hizo un fiscal ni un policía ni una autoridad en materia de seguridad. No. Después de 22 años de poder ininterrumpido, al chavismo dejó de importarle el cuidado de las formas. Es demasiado tiempo usando todo el andamiaje del Estado a placer, por lo que importa poco un guión barato cuando controlas las armas y a quienes las usan. Así llegamos a unas supuestas conversaciones en WhatsApp como las ‘pruebas’ que demuestran que militantes de Voluntad Popular están vinculados a la crisis de violencia que sufrió Caracas, que se supone ocurrió para desestabilizar al régimen de Nicolás, y aunque no pasó, es el agravante de todo.

Si quisiéramos ayudar al poder a hacer más creíble la ‘prueba’ que eligió, digamos que la experiencia de los opositores acusados no ha contribuido a que usen protocolos de comunicación más seguros, sino que, por el contrario, obran con la confianza de villanos de comiquita. Es decir: cuentan todos sus planes y comunican acciones violentas guardando evidencia, algo como “Si no lo puedo colgar en Tik Tok, al menos lo dejo en un chat”. El problema es que esa hipótesis demandaría, además de no borrar sus conversaciones, que todos hayan registrado a los demás en sus teléfonos con sus nombres completos y que todos los hayan registrado del mismo modo. Inverosímil, ¿no? Al menos en mi experiencia, tengo amigas y familiares registrados solo con sus apodos e incluso solo con el primer nombre al momento de guardarlos.

Para seguir escalando en la imposibilidad de la historia del poder para ser cierta, según Jorge Rodríguez el chavismo logró hacer con WhatsApp algo que la propia aplicación no permite hacer: interceptar una conversación ocurrida entre otros usuarios a través del teléfono de un tercero. Hubiese sido más sencillo presentar la conversación de un grupo de Whatsapp, pero ellos decidieron mostrar conversaciones que no ocurrieron con el usuario del teléfono que supuestamente incautaron sino con otros. Eso permite afirmar que las supuestas ‘pruebas’ no tienen sustento y que lo presentado luce más como algo editado, no con Photoshop sino con la calidad de un PowerPoint de 2003, para garantizar su maridaje con el relato acusatorio.

A diferencia de algunos líderes políticos del chavismo, que sí se han fotografiado con líderes negativos de zonas populares en quienes se supone reposan tareas de ‘seguridad y defensa’ (una rara forma de llamar a la coacción social), no hay evidencia gráfica que vincule a la gente de Voluntad Popular con las bandas de delincuentes de la Cota 905. Sin embargo, reitero: al poder no le interesa que sus historias sean creíbles, solo deben ser transmitidas. Cuanto más, mejor. El mensaje central de este día es repotenciar la amenaza a la libertad, garantizar que todo el sistema de justicia es manejado con criterios políticos, y que cualquiera podría ser sometido a un juicio injusto porque sí, porque pueden. Jorge Rodríguez aseguró que la detención arbitraria de Freddy Guevara y todas las acusaciones contra sus compañeros de partido son una forma de defender a la nación.

Los superiores morales del tablero local, esos que acusan a los opositores de polarizar, pero al poder no le dicen nada, han enviado muchos mensajes consternados porque estas acciones recientes obstruyen la ‘construcción de condiciones para el diálogo’ que el chavismo jamás ha querido celebrar. Ojalá con verbos menos complejos comiencen a demandar justicia, a denunciar lo que no está bien, porque ya quedó claro que jamás dejarán de justificar al chavismo. La notoria patada a la caja de la mesa de negociación (porque la mesa aún no está armada), no es suficiente evidencia para entender que el poder ya tiene la versión de oposición que necesita, unos lacayos que en VTV halagan la gestión de Nicolás mientras aplauden las intervenciones de su heredero.

Jorge Rodríguez desestimó las denuncias de los familiares y la defensa de Freddy Guevara sobre su desaparición forzosa, pues en su criterio si el poder sabe dónde está detenido, eso es más que suficiente. El derecho a la defensa es accesorio en su ecuación. Hoy hizo graves acusaciones contra Gilber Caro, y hasta se burló de las tres veces que durante el chavismo ha estado en prisión. Se jactó de los planes que pudieron “desactivar” y, por supuesto, denunció otro intento fallido de magnicidio. Nicolás tiene la misma cantidad de atentados desarticulados que de inflación acumulada. Durante su declaración, Rodríguez acusó lo siguiente: “una campaña para sustituir la verdad (...) ha llegado un punto en el que la verdad ha sido aniquilada”.

Parece que confesó, más bien.

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